Messi jugará pasado mañana contra el Villarreal.

Una derrota (o incluso un empate) excitaría a tope al entorno blanco, y la presión de cara al choque en el Bernabeu subiría hasta límites quizás nunca vistos anteriormente. La caverna no admitiría perder la liga en el Bernabéu por tercer año consecutivo.
La victoria del Barça ante el Villarreal convertiría la liga (por diferencia de puntos y calendario blanco hasta final de temporada) en un torneo menor para la tropa mediática de Mourinho, y la atención se centraría en la décima o, incluso, en una Copa que, ante el Barça, convertirían en una versión modificada del Mundial de Clubs.
La experiencia de los dos últimos años, y sobre todo, las nuevas expectativas de Copa y Champions, así como el gatillazo con el experimento del doping, mantienen a la prensa filo-madridista en un estado de extraña contención ante el que es uno de sus últimos cartuchos.
La no lesión de Messi con su selección, habría sacudido en otras temporadas las entrañas de la caverna en lo más profundo.
Este año, preparan el terreno discretamente y esperan el desenlace del sábado por la noche para, entonces sí, lanzar su Brunete particular hasta el fondo.
Si fuese Pep, jugaría a ganar en El Madrigal, pero con un equipo lleno de Afellays, Adrianos y Mascheranos, y enviaría a los chavales del B al Bernabéu antes de la final de Copa.
El resultado será el mismo, y la humillación cavernaria apostoflant.