miércoles, 30 de noviembre de 2011

El manual de quejas.

Está claro Piqué no es un dechado de perspicacia (moc, moc…). La clase que transpira su fútbol, debería concordar con una mejor ubicación general fuera del terreno de juego.

Pero evidentemente, el mayor problema de Piqué, según la caverna mediática, es su condición de jugador del F.C. Barcelona.

Sin entrar a juzgar la conveniencia o no de la normativa que prohíbe a los jugadores forzar una tarjeta para limpiar su ciclo, es curioso observar como para los analistas del movimiento, en la tarjeta que forzó Xabi Alonso el pasado sábado frente al Atlético, “no hubo lugar a la polémica porque en una acción clara mediada la primera parte trabó a Salvio y la amarilla se la mostró Mateu Lahoz”, mientras que Gerard Piqué, “por listo, no debería jugar en el Santiago Bernabéu”.

Lo de listo deberíamos ponerlo en cuarentena. Ya que la norma indica que queda a criterio del árbitro determinar si el jugador fuerza o no la tarjeta, pero después, al cumplimentar el acta, el colegiado debe limitarse a reflejar los motivos estrictos de la amonestación, parece claro que lo fácil es partirle la tibia a un rival. Con eso “no hay lugar a la polémica”, ya que “pasarse de listo” es lo mismo que hacer el panoli.

En definitiva, pese a que todo el mundo hace lo mismo, no estaría de más que Guardiola, decida lo que decida el Comité de Competición, dejase a Pique en el banquillo el próximo 10 de diciembre.

No se trata de plegarse a la presión del aparato blanco, se trata de dar una lección de deportividad a un entorno que, preso de una lacerante barcelonitis, es absolutamente incapaz de encarar cualquier reto frente al F.C. Barcelona sin echar mano del manual de quejas mourinhistas.

¿Messi o Cristiano?

Si Cruyff fuese el entrenador del Barça, el fichaje de Guti en el mercado de invierno sería posible.



¡Lo que nos íbamos a reír!

martes, 29 de noviembre de 2011

¿Cómo hemos cambiado?

Hoy hace un año del tremendo revolcón del Madrid de Mourinho en el Camp Nou.
El 29 de noviembre de 2010, el F.C. Barcelona afrontaba la visita del Real Madrid a su estadio con un punto de desventaja respecto a los blancos, que acudían como líderes del campeonato a Barcelona.
Un año después, el Barça está seis puntos por debajo en la clasificación y acudirá al Bernabéu con un partido más que el Real Madrid, debido al adelanto del partido ante el Rayo Vallecano con motivo de la disputa del Mundial de Clubes.
Hasta ahí los hechos. A partir de aquí, las interpretaciones.
El subidón producido entre el merengonismo militante por la derrota del Barça en Getafe, que junto al extraordinario arranque del Madrid, han abierto la actual brecha de puntos, está siendo explotado por los medios afines (lógicamente) como el punto de partida del ansiado fin de ciclo blaugrana.
La realidad es que un año después de la tremenda somanta del Camp Nou, el Barça se presentará en el Santiago Bernabéu con una Liga, una Champions y una Supercopa de España conquistadas en directa competencia con el Real Madrid, y con una Copa perdida, así mismo, contra el equipo de Mourinho.
El balance, pese a lo que se transmite desde Madrid, es claramente favorable a un F.C. Barcelona que, aunque no lo parezca, aún depende de sí mismo para conquistar el título de Liga.
Negar los méritos de un Madrid consolidado sería absurdo, pero persiste la obsesión de la prensa filomadridista en menospreciar a un Barça que, al igual que su Real Madrid, sigue vivo en Liga, lidera, ya clasificado para octavos, su grupo en Champions, mantiene intactas sus opciones en la Copa del Rey y, además, opta a su segundo mundialito. Esta obsesión, curiosamente, ha reportado escasísimos beneficios.
Los exaltados de turno no deberían perder de vista que el Barça llegaba a Getafe con una racha de 27 partidos oficiales sin perder.
Indiscutiblemente, es mejor gestionar seis puntos de ventaja que de desventaja, pero la auténtica exigencia para los hombres de Guardiola se dará en los dos enfrentamientos directos contra el Real Madrid.
Es ahí donde Mourinho podrá especular con el resultado. Si el Real Madrid se impone en el enfrentamiento del próximo 10 de diciembre, no tendrá ganada la Liga pero, entonces sí, habrá dado un paso de gigante.
Una nueva exhibición de un Barça acostumbrado a responder con garantías en las grandes citas, además de dejar sin argumentos a los paladines del fin de ciclo, volvería a acortar una distancia que, ante los compromisos pendientes de aquí a final de temporada, quedaría reducida a la mínima expresión.
O sea, que sí. Hemos cambiado, pero ¿tanto?

domingo, 27 de noviembre de 2011

¿En qué quedamos?

La prensa deportiva española es nefasta, los periodistas deportivos españoles son unos cenutrios y la afición futbolera española está abducida en su totalidad.

Estas afirmaciones carecen, evidentemente, de fundamento. Lo que hay son grupos mediáticos que producen prensa futbolística absolutamente amarilla, prisionera de intereses económicos y políticos que se convierte en el caldo de cultivo idóneo para que un grupo de correveydiles y abrazafarolas, que diría aquel, generen un estado de opinión absolutamente orientado al enfrentamiento, en el que los aficionados más forofos encuentran los argumentos necesarios para enfocar toda su mala baba. 

Es decir, ni la prensa deportiva en su conjunto es tan, tan mala, no todos los periodistas deportivos son unos hooligans con bolígrafo, y en absoluto todos los aficionados al fútbol son unos energúmenos manipulados.

Como en cualquier otro ámbito, generalizar equivale a equivocarse, ya que medir con el mismo rasero a todo un colectivo es injusto e interesado.

Sin embargo,  el hecho diferencial en el mundo del periodismo deportivo es que, al contrario de lo que sucede en otros terrenos, aquí no es una minoría la que hace mucho ruido; los que hacen muchísimo ruido son la mayoría de los medios. 

A partir de ahí cada cual tiene sus colores, con los que se atrinchera en su garita, intenta mantenerse en un margen estrictamente objetivo o reniega directamente de todo y se refugia en las carreras de galgos, el bádminton o cualquier otro deporte alejado de la furia bipolar.

Aceptando que cada facción apoye a su equipo, que cada bando ningunee los logros del rival y que todos lo discutan casi todo, y teniendo claro hacia qué lado carga cada uno y que por cada acera pululan extraordinarios profesionales acompañados de impresentables palmeros, una diferencia destaca entre tanta tergiversación.

Los que tienen el altavoz más gordo han desarrollado la capacidad de utilizar cualquier argumento a cuenta de beneficios, sin importar si el día anterior utilizaron el mismo argumento en sentido contrario, o si la semana pasada defendieron la misma cuestión con un argumento totalmente opuesto. Nada importa. Todo vale.

¿Qué un jugador propio entra en plancha a la altura de la tibia y es expulsado? Platinato.
¿Ese mismo jugador es objeto, a los pocos meses, de una entrada similar y el infractor no es expulsado? Platinato.

Perdón. ¿Siempre platinato? Parece lógico que si el árbitro prevaricó expulsando la primera vez, porqué la entrada no era merecedora de tarjeta roja, esté de más protestar cuando el árbitro “acierta” no expulsando a un jugador contrario. ¿No es acaso la misma jugada? ¿Es lógico reclamar aquello que se negaba?

El central del eterno rival celebra con su afición, en su estadio, un resultado glorioso, histórico, casi irrepetible. ¡Falta de respeto! ¡Provocación!
El entrenador plenipotenciario de tu equipo monta el show en campo contrario, cabalgando en un callejón sin salida. ¡Halago al rival!

O sea, la provocación de aquel, ya no es una provocación; ¿se convierte en halago a tu equipo?

Tu entrenador no para de desbarrar. ¡Elogio de la sinceridad! ¡Fuera la hipocresía!
El otro entrenador intenta ser comedido. ¡Mea colonia! Responde a una provocación directa del puto amo ¡Energúmeno!


¿Los jugadores contrarios caen como moscas ante la contundencia de tus defensas? ¡Teatro del bueno!
¿En tú equipo hay un fideo que no se sostiene? Es una pobre víctima de la violencia de los rivales.




¿En qué quedamos?

¿Más ejemplos? ¿Para qué? Todos sabemos de lo que hablámos. 


Parece que las lecciones de moral son gratuitas. 

Con o sin villarato, no es tan difícil.

El Barça pierde en Getafe y queda a seis puntos de un buen Real Madrid que mantiene la tradición en su derbi doméstico, derrotando a un Atlético que, eso sí, este año ofreció más resistencia.

Mal resultado para los blaugrana. ¿Motivo? No se jugó bien. ¿Conclusiones? Tres: la Liga está más difícil, el Barça sigue dependiendo de si mismo y por fin hemos comprendido en que consistía el villarato.

La Liga está más difícil. Si, pero no mucho más. 

En las dos últimas temporadas, el Barça se adjudicó el campeonato de liga con tres y cuatro puntos de ventaja sobre el Real Madrid. En la temporada 2009-10, los blaugrana se impusieron en los dos encuentros en los que se enfrentaron a los blancos (1-0 y 0-2). En la temporada 2010-11, la primera de Mourinho, el Barça se impuso por 5-0 en el Camp Nou y empató a uno en el Bernabéu. En ambos casos, si el Real Madrid hubiese ganado en los dos enfrentamientos directos, se hubiese llevado la Liga.

Es lógico que años después, y con una diferencia de seis puntos, se dispare la euforia merengue. El Real Madrid se sitúa en una inmejorable situación, pero parece claro que le queda lo más difícil. 

Si el Barça consigue imponerse al Madrid en el Bernabéu y en el Camp Nou, podrá permitirse, de aquí a final de temporada, cometer los mismos tropiezos que el equipo de Mourinho.

Si los de Mou consiguen por fin derrotar al F.C. Barcelona en liga, tendrán una inmejorable oportunidad para conseguir sacudirse la gran obsesión con la que conviven en las últimas temporadas, siempre que "su" villarato se lo permita, claro.

Porqué después de 13 jornadas disputadas, nos ha quedado claro a todos en que consistía el villarato.

Desde los medios afines, se pretendía que el villarato se basaba en las ayudas arbitrales al F.C. Barcelona. Ahora sabemos que el villarato, en realidad, consistía en que los árbitros no perjudicaban al Barça.

Unos cuantos penaltis escamoteados después y con algún gol mal anulado en el contador, hemos vuelto a la normalidad histórica del fútbol español.

Ahora empieza lo bueno. Hay muchas ganas de clásico.

sábado, 26 de noviembre de 2011

¡Qué gracioso es mi Paco!

Vivimos momentos de derrumbe de las excusas mourinhistas.

Esta temporada ya no cuela el villarato, ya no cuela el calendario, ni siquiera cuela Unicef. El mourinhismo mediático se ha quedado sin excusas.

¿Tendrá la caverna que volver a recurrir al canguelo? ¿Cómo? ¿Por qué? Los culés tienen más ganas que nunca de abordar el Bernabéu.

No importa. Siempre se puede comenzar con el hermanito pobre. Los voceros de la Central comienzan por agrandar el mito de un Madrid imparable a costa de un Atlético que se les antoja extremadamente vulnerable.

A partir de aquí, una goleada blanca, combinada con cualquier tropiezo del Barça, que permitiese al Madrid afrontar el clásico con más de tres puntos de ventaja, encendería todos los cagómetros del merengonismo.

Parece que el entorno madridista sea incapaz de llegar a un Madrid-Barça sin campañas psicológicas en contra de su obsesión blaugrana.

¡Qué sigan así! De momento, los resultados para el Barça han sido óptimos.

Pero no creo que los colchoneros estén muy contentos con el amigo Paco García Caridad. 


A Caridad, el merengue le derrama por las comisuras, pero está muy feo reírse del vecino.

No hay problema, aunque le metan los siete que pronostican, el Barça acudirá al Bernabéu de cualquier forma menos acojonado. 

Y no vaya a ser que le salga el tiro por la culata.

¿Alguien se imagina a algún periodista periférico haciendo un comentario similar al de Paco contra el Atético, en contra del Real Madrid? 

martes, 22 de noviembre de 2011

La paradoja que no cesa.

¿Fue mano? 

Es totalmente irrelevante. Fue penalty, y el árbitro no lo vio. ¿Y qué? Eso es el fútbol.
Lo realmente paradójico es ver como los que rebuscan en cualquier jugada, sea fundamental o intrascendente, controvertida o inocua, real o manipulada, con el único objetivo de mantener una teoría conspiranoide que ni ellos mismos han llegado a creerse jamás, pero con la que, a base de repetir, de insistir, de hostigar, han conseguido calar en una masa enfurecida y enfervorecida, tienen las tremenda desfachatez, ya no sólo de ignorar, de negar la polémica, sino de criticar a los que les echan en cara su silencio impostor.

La prensa valenciana tiene todo el derecho de indignarse ante aquellos que pretenden ningunear al periférico. La prensa de Barcelona se equivoca en entrar en el juego cavernario.

Sabemos que, cuando el próximo 10 de diciembre el de siempre entre con los dos pies por delante, esos que hoy no quieren admitir polémicas hablarán de teatro del bueno. Sabemos que si el mejor jugador del mundo le pilla la espalda a cualquier central reumático, o al intelectual de la cinta, los palmeros del Ser Superior buscarán el fuera de juego a cualquier precio. Sabemos que, si el árbitro se ve obligado a expulsar a un leñador del área vestido de blanco, el llorón especial se preguntará amargamente ¿por qué?

No importa. Lo grave, lo realmente imperdonable será que algún canterano mundialista tenga la osadía de celebrar un triunfo en la trinchera enemiga, por que eso sólo está al alcance de los elegidos por el régimen.
Si alguien se cree tan importante como para que los demás se sientan halagados por su menosprecio, ¡que tire millas! Si unos cuantos próceres mediáticos se creen capacitados para tratar de tontolabas a los lectores, los suyos y los no suyos, ¡que aprovechen el momento! Si toda una afición está convencida de que todo vale para alcanzar los objetivos señalados por un dedo infalible, ¡que sigan tragando! 

La historia dejará con el culo al aire a más de uno, y mucho antes de lo que algunos escribidores alineados desearían. 

domingo, 20 de noviembre de 2011

Cabalgando hacia el clásico.

Después de un nuevo parón FIFA, en el que los hinchas de La Roja pudieron disfrutar de fuertes emociones en Costa Rica, volvió ayer la Liga. La Liga de las estrellas, esa competición de mierda en la que siempre ganan los mismos. Bueno en la que siempre ganaba el mismo y el otro siempre se quejaba.

La jornada disputada ayer, sin embargo, da muchas pistas de lo que puede ser el retorno al orden natural de las cosas: el Barça sigue en una de las mayores crisis de su historia, mientras que de la mano del mejor entrenador de todos los tiempos, el Madrid avanza decidido hacía el objetivo fijado.

El F.C. Barcelona, inmerso en una situación explosiva, sólo fue capaz de ganar al Real Zaragoza por 4-0. Lo que antes eran manitas, ahora son simples y ajustadas victorias. Es palpable la tensión que se respira en el vestuario blaugrana. Guardiola, fuera de sí, forzó la participación de un exhausto Messi, pese a las muchas y bienintencionadas recomendaciones en sentido contrario de algunos periodistas de Madrid, muy preocupados por el bienestar del crack argentino. 
Mientras tanto, un Villa relegado a una injusta suplencia, fue el encargado de sacar las castañas del fuego al equipo, saliendo en la segunda parte para marcar el gol de la tranquilidad. Gol que por cierto, dio paso a un gran número de comentarios, debido a la fría celebración entre los irreconciliables rivales de parchís Messi y Villa. Sin duda, el hecho de que los medios de la capital considerasen que el 2-0, obra de Messi, fue marcado en fuera de juego, influyó en el nerviosismo del 10 blaugrana, al que se le adivinaron aviesas intenciones en su felicitación al marginado Villa. En definitiva, un Villa que días atrás era enaltecido por la prensa nacional, puede dar gracias por contar, en este duro trance, descansando días antes del trascendental encuentro ante el Milan en San Siro, con el apoyo de esa misma prensa, que clama unánimemente ante tamaña injusticia. Otros secundarios del Barça, como Iniesta, Pedro, Busquets, Mascherano o Abidal no tienen tanta suerte.

Por su parte, un Real Madrid lanzado hacía la consecución de todos los títulos que se disputan en el mundo civilizado (bueno, todos menos la Supercopa de España y el Mundial de Clubes), demostró, con otra gran exhibición de poderío, que es un equipo dirigido por el mejor entrenador del mundo mundial. Haciendo gala de su reconocido estilo, especialmente en esta su segunda temporada, un redimido y reformado Mou, además de seguir tirando de cantera, al dar minutos a un agradecido Granero y justificando plenamente el fichaje de Callejón, nos obsequió anoche con un aperitivo de lo que puede ser su actitud y la de sus jugadores ante el clásico a disputar en el Santiago Bernabéu el próximo 10 de diciembre, y en un alarde de profesionalidad, demostró tener ya totalmente definida, a tres semanas vista, la estrategia a seguir en ese choque. Se trata de la famosa táctica del trivote en conjunción con "del Bernabéu no sale vivo ni Dios".

Y todo eso, con el muy perjudicial villarato ya totalmente controlado. Aquí no vuelve a salirse nadie del guión. Y ya se sabe, ante la duda... la culpa es del Barça.
¡Qué suerte tenemos de contar en la liga española con alguien que nos marca, con dedo firme, el camino a seguir!

sábado, 19 de noviembre de 2011

Obcecación.


El ser humano es, en esencia, un cúmulo de contradicciones que deambula por la vida con el afán de parecer coherente.

A la culerada, Hristo Stoitchkov le robó el alma porque jugó con su equipo y no con el gran rival, Luis Enrique se convirtió en uno de los suyos después de dar toda la rabia del mundo vestido de blanco, y esa misma culerada, disfruta hoy viendo jugar a Dani Alves con el Barça, sin pensar ni por un momento lo que sería sufrirlo con el Real Madrid.

Podríamos intercambiar esos nombres por los de Hugo Sánchez, Laudrup (o Figo) y Marcelo, por ejemplo, y veríamos el reflejo de la misma situación en campo contrario.

¿Es eso una contradicción? ¿En que cambia la personalidad de Neymar independientemente de si acaba jugando con unos o con otros? ¿Qué pasaría si en el Barça aún entrenase Cruyff y aprovechase para hacerle un contrato de seis meses a Guti? ¿Son siempre mejores personas los jugadores de tu equipo?

Está claro que no. Pero el motor del fútbol es la pasión, y la pasión nos guía hacía territorios donde la coherencia necesita, paradójicamente, muchas veces de la incongruencia para sostenerse.

Y el límite de esa incongruencia, el límite que no debe sobrepasarse, el límite donde el forofismo traspasa la peligrosa frontera del fanatismo, es aquel en el que uno es incapaz de discernir entre lo que está bien y está mal, entre lo que forma parte del juego y lo que roza con la mala leche criminal.

Es decir, el merengón más recalcitrante puede echar pestes de un Messi que, con la camiseta del Barça, le ha estado amargando la vida en las últimas temporadas, y el más acérrimo culé creerá, sin duda, que Cristiano Ronaldo es el futbolista más chulo que haya existido jamás, pero si se diese un hipotético (y absolutamente improbable) trasvase de cracks, unos y otros acabarían comiéndose con patatas sus más “profundas” convicciones, para acabar encontrándole todas las gracias al otrora odiado jugador rival. Eso sería un cambio de opinión incongruente, copernicano, dictado por el innegable forofismo que mueve el mundo del fútbol y que necesita arrinconar la contradicción para mantener a flote la coherencia con unos colores, con un equipo, convertida en un dogma sagrado para muchos aficionados.

El que odia al Cristiano madridista, pasaría a adorar al Cristiano barcelonista. El que ningunea al Messi blaugrana, se daría cuenta, repentinamente, de que el mejor futbolista de la historia estaría jugando vestido de blanco.

La contradicción se diluye en un voluble estado emocional. Lo que antes era blaugrana es ahora blanco, y lo que antes era blanco ahora es blaugrana. El cambio de opinión se basa en un cambio de circunstancia. ¿Patético? Tal vez. Pero inevitablemente balompédico.

Lo grave, lo que se sale del infantilismo que guía la pasional sustancia futbolera y entra en el territorio de la obcecación, del fanatismo, es sostener una teoría propia atacando esa misma teoría cuando la sostienen otros.

¿Cómo pueden los gurús del centralismo mediático, alimentar la teoría del dopaje como una de las bases de los éxitos ajenos, y rasgarse las vestiduras cuando esa teoría se vuelve contra ellos?

¿Acaso los únicos jugadores del malévolo campeón que no se dopan son aquellos que defienden la sacrosanta zamarra roja?

martes, 15 de noviembre de 2011

Los caramelos Darlings y el vecino del puro.


Comprendo perfectamente a los que vibran con la Roja. A mí no me pasa.

Recuerdo la desilusión del penalti de Eloy en México, el cabreo por el codazo de Tassotti a Luis Enrique en Estados Unidos… Y poco más. La llegada de los grandes éxitos de España ha coincidido con un momento en que mi identificación con la Selección española es más bien escasa.

Siempre he entendido el fútbol como aquello que es cotidiano. Como competición de clubes. Como rivalidad directa entre adversarios irreconciliables.

Yo mamé fútbol de la teta de un barcelonismo que tenía la convicción moral de ser más que un club pero que, año tras año, veía como el “aquest any sí” se convertía en un balón de oxígeno que, irremediablemente  se desinflaba en un “aquest any tampoc”.

Aprendí a ir al fútbol de la mano de mi abuelo. Y seguí yendo al fútbol con mi abuelo hasta que prácticamente tuve que llevarle yo del brazo. Era un fútbol familiar, de domingo por la tarde, de partidos contra el Oviedo, contra el Elche, contra el Salamanca. Era un fútbol de caramelos Darlings, de vecino con puro y de mucha bufanda y poca camiseta.

Ese era el fútbol que muchos aprendimos a amar, pero que hoy en día no tiene ningún sentido.

Entonces, la visita del Castellón al Camp Nou no garantizaba goleada. Cualquier equipo de 1ª podía competir y, aunque ganasen casi siempre los mismos, la Liga de 18 prometía, casi siempre, emociones hasta la última jornada.

En cambio, los enfrentamientos contra equipos de inferior categoría en Copa, o contra algún club islandés en las primeras rondas de la Recopa, eran casi siempre sinónimo de pachanga.

Hoy en día, es fácil que el Barça le meta 5 al Atlético de Madrid, y no es difícil que Hospitalet o Viktoria Plzen le compliquen la vida más de la cuenta gracias a un planteamiento serio y correoso.

El mercado global nos ha llevado a que un señor de Hong Kong sea un culé absolutamente recalcitrante, y que en cambio, a poca gente más allá de San Vicente de la Barquera le importe lo más mínimo el último resultado del Racing. Esto ha llevado a que el club que ya era grande haya crecido exponencialmente, mientras que el club encargado de plantarle cara en la competición doméstica, esté potencialmente más cerca del nivel del colista de 2ª que del líder de 1ª

Ante este nuevo escenario, parece absurdo aferrarse a conceptos absolutamente trasnochados.

Una liga de 20 equipos, con F.C. Barcelona y Real Madrid a la cabeza, ya no tiene ningún sentido más allá de que equipos que transitan por 2ª División, sueñen con un ascenso que les permita codearse efímeramente con los dos transatlánticos del fútbol español.

Es evidente que la única posibilidad de recuperar el sabor competitivo de antaño, pasa por limitar la competición a un máximo de 16 equipos y potenciar una Champions con más equipos, si, pero con un sistema competitivo que conduzca a la inevitable Liga Europea.

Una 1ª disputada por los equipos más potentes, con aficiones más numerosas y con mayor capacidad de crecimiento, devolvería la emoción perdida, con partidos como el Athletic-Barça de esta misma temporada en San Mamés, sin tener que recurrir forzosamente a un sistema cerrado, ya que, previsiblemente, los nueve o diez equipos con más tradición se constituirían en el núcleo duro de un campeonato, al que tendrían acceso también aquellos equipos ascensor cuyo hábitat natural sería un 2ª dividida en grupos territoriales.

Con calendarios de liga descomprimidos, se podría plantear una verdadera liga europea, en la que un mayor número de equipos de las ligas más potentes tuviesen garantizado su acceso a una competición en la que una fase inicial clasificatoria entre los equipos de ligas menores, sustituyese a la inocua fase de grupos actual, reforzando así la auténtica competición, al garantizar la presencia de más equipos de ligas como la española, la inglesa, la alemana o la italiana.

En definitiva, quisiera poder disfrutar, no sólo con un buen Athletic-Barça, o con más partidos como un Barça-Bayern o un Inter-Barça, sino también con auténticos Betis-Sevilla por un puesto Champions, o un vibrante Atlético-Roma en marzo.

Sería bonito, aunque sea imposible.

En cualquier caso, ¿a quién le interesa un Costa Rica-España amistoso?

@extrizquierdo

sábado, 12 de noviembre de 2011

La doble moral.

Martí Perarnau reflexiona hoy en Sport sobre la disputa mediática que pretende dilucidar si CR7 es mejor que Messi, o viceversa.

Según Perarnau, el debate "es falso por un motivo fundamental: el fútbol, en tanto que deporte colectivo, no posee una vara de medir con precisión a los individuos por separado. Las estadísticas aportan datos sueltos".

Es, sin duda, una afirmación cartesiana. La gran mayoría tenemos una sólida convicción sobre quien es el mejor, pero difícilmente podremos convencer a los que opinen lo contrario.

Al fin y al cabo, más de uno cree, por ejemplo, que Mágico González ha sido uno de los mejores jugadores de la historia. En este caso, podríamos discutir si jugador y futbolista definen estrictamente el mismo concepto, porque Mágico, como jugador era técnicamente insuperable, pero como futbolista, además de un cachondo, era profesionalmente disperso.

Es lógico pues, que los medios más florentinianos defiendan la millonaria inversión del Real Madrid, insistiendo cuanto quieran en que Cristiano Ronaldo es mejor jugador que nadie. Eso no es más que una opinión, subjetiva, pero opinión al fin y al cabo, con el mismo valor que cualquier otra. Pero no es lógico, y es necesario denunciar, el doble rasero que esos mismos medios utilizan para valorar las reacciones de distintos jugadores en situaciones objetivamente idénticas. Ahí entramos en el conocido terreno de la manipulación informativa.

El ejemplo más claro es el creciente acoso y derribo de los medios más cercanos al núcleo duro del florentinismo glorioso hacía Messi. 

Leo es un jugador discreto en lo personal, escasamente agresivo en el contacto físico durante los partidos y poco amante de los focos fuera del terreno de juego. Debutó en partido oficial con el F.C. Barcelona en el año 2004, con 17 años. En casi siete temporadas y media, los grandes pecado de Messi han sido escupir a Duda, marcarle un gol con la mano al Espanyol, mandar un balonazo a las gradas del Bernabéu y hacer callar al banquillo del Real Madrid.

Se trata de acciones censurables, que un jugador profesional debería ahorrarse en cualquier caso. Sin embargo, en conjunto, parece un pobre argumento para manchar insidiosamente la trayectoria de un deportista cuyo único pecado, para el periodismo más cerrilmente cavernario, es ser, según opinión abrumadoramente mayoritaria en todo el mundo, mejor futbolista que Cristiano Ronaldo.

Messi hace mal valiéndose de la mano, que fue de Dios en el caso de Maradona, para marcarle en junio de 2007 un gol al Espanyol. El árbitro dio validez al tanto, Messi no reconoció su falta, y ahí acabó todo. Goles con la mano, como los de Raúl en Champions contra el Leeds o de Van der Vaart en liga contra el Sporting, fueron justificados con comentarios tan jocosos como "Primero de grupo... de la mano de Raul", perpetrado por el ínclito Jose Vicente Hernáez o "sí, hay un poquito de mano, pero me da igual porque el gol valió", deportivo argumento de Rafa Van der Vaart, largamente celebrado por esos mismos a los que la acción de Messi les parece absolutamente inmoral. 


Messi no tiene, por supuesto, derecho a escupir a nadie. Cuando lo hace sobre Duda, en un Málaga-Barça de noviembre de 2008, se equivoca, pero aquellos que insisten en recordar esta acción cada vez que toca machacar a Messi, olvidan el célebre lapo en toda la cara del recordado Juanito a un Uli Stielike, jugador entonces del Neuchatel, o el salibazo a un cámara de su idolatrado Cristiano, justo después de caer eliminado con Portugal frente a España en el Mundial de Sudáfrica. Los que entienden la desesperación de unos, no tienen en cuenta la más que probable provocación previa Duda a Messi (¿será porqué es portugués?). 



Sin embargo, la provocación es un argumento completamente satisfactorio para disculpar las peinetas, insultos y desplantes varios de Cristiano hacía sus rivales o, lo que es más grave, contra el público. ¿No han apuntado nunca a Messi con un láser? ¿Ha dedicado Messi muchas peinetas a los aficionados? ¿Nadie se pregunta por qué ninguna grada insulta a Messi? ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? 


Pero la atrocidad más salvaje cometida jamás por Messi fue chutar un balón a la grada del Santiago Bernabéu durante el partido de la liga 2010-11, primer enfrentamiento del abril de todos los abriles. Para muchos empleados mediáticos de Florentino, esa acción marca mucho más una carrera que el cabezazo de Zidane a Materazzi, pero sorprendentemente, ignoran que unos meses antes, esa misma temporada, el propio Cristiano Ronaldo estampó un balón contra la grada del Camp Nou al finalizar el calentamiento del recordado 5-0. Ese balonazo no fue recogido por ninguna cámara, y por tanto no existe. Sin embargo, una acción idéntica de Özil durante el partido de vuelta de la Supercopa de España, disputado en agosto de 2011 en el Camp Nou, fue vista en directo por millones de espectadores. Es de suponer que en el preciso momento del pepinazo de Özil, hubo un apagón momentáneo en la zona de Madrid que impidió percatarse a la caverna de lo que pasaba ahí arriba.


Y el último pecado de Messi es provocar al inocentón Mourinho. Cualquier cosa para minimizar la derrota del Real Madrid en esa Supercopa, como aludir a la impresentable actitud de Messi haciendo callar al banquillo blanco. Ningún medio puede poner un micro lo suficientemente cerca de ese o de cualquier otro banquillo, así que los constantes insultos de los suplentes y el cuerpo técnico del Real Madrid a su apreciado Messi quedan como leyenda urbana. Eso si, sin ningún documento sonoro, es perfectamente valido acusar a Tito Vilanova de insultar al Real Madrid, con lo que el dedazo de Mourinho obtiene una notable rebaja de condena entre los medios afines al movimiento blanco.

Idéntica falta de pruebas deja de ser obstáculo si hay que acusar a Piqué de lo que sea, o a Cesc de racista.

Al final, la insidia es gratuita cuando viene de la meseta, ya que anunciar en portada desde Barcelona que CR7 es un chulo, opinión también subjetiva pero compartida por el 90% de la humanidad, es un ejemplo de salvajismo periodístico, mientras que justificar cualquier bravuconada, cualquier agresión, cualquier mentira, perpetrada por Mourinho o sus hombres, es un acto de justicia para con el dedo que marca el camino. 
Y si no, que se lo pregunten a Paco Grande. 

jueves, 10 de noviembre de 2011

Un análisis muy grande sobre el tipo de bajo interés y la prima de riesgo.

Todo el mundo sabe que los extremos se tocan y que, demasiado a menudo, límites absolutamente antagónicos llegan a difuminarse por completo.

En @extrizquierdo, los vídeos, los cortes de voz, sirven normalmente para ilustrar críticas hacía los excesos y manipulaciones de la caverna, o para dejar constancia de situaciones curiosas o de exhibiciones de un Barça que está haciendo historia, día a día, ante nuestros ojos.

Por supuesto, este no es un blog que venda imparcialidad ni objetividad. Aquí no se pretende dar lecciones a nadie. Se expresa una opinión, se denuncia la constante manipulación cavernaria y se invita a participar a quien pueda sentirse identificado con el espíritu de este invento.

Es por todo eso que, al enterarme a través de Twitter de la rajada de Paco Grande contra dos colegas suyos, dos de los perpetradores de las transmisiones de Champions en TVE, Sergio Sauca y Silvia Barba, busqué el corte de voz en el que José Antonio Abellán entrevistaba, en compañía de José Miguélez y de Quique Guasch, al actual director del muy venido a menos Estudio Estadio.

La idea original era editar un vídeo de dos, o máximo tres minutos, para completar un artículo en el que comentar las descalificaciones de Grande hacía dos de los peores periodistas deportivos españoles (no por manipuladores, simplemente por malos): "Sauca es límitado y Silvia Barba desparrama".

El tema tenía sustancia. Pero después de oír la entrevista, no creo que se pueda añadir demasiado. creo que es mejor oír al propio Paco Grande reflexionar con pesimismo sobre la situación actual del periodismo deportivo (yo añadiría, sin duda, que del periodismo en general).

Probablemente hay una parte de resentimiento profesional, e incluso personal. Pero oír a un periodista reconocer que el periodismo deportivo ha muerto, y que por tanto, él mismo se considera un periodista muerto, que el actual periodismo de "colores" no es compatible con la ética periodística y que el periodismo está hoy totalmente supeditado a criterios empresariales, con la cuenta de resultados como principal referencia, insinuando que, incluso en la televisión pública prima la estrategia empresarial sobre criterios estrictamente profesionales, tanto como para colocar a un bulto tan sospechoso como Sergio Sauca al frente de las transmisiones de Champions (los comentarios de los partidos del Barça son dignos de estudio), aclara muchas cosas sobre la situación actual.

Oír a Abellán hablando con Grande sobre la muerte del periodismo deportivo como tal, es decir, oír a la caverna reconocer que hay una caverna, demuestra que los extremos se tocan.


Por otra parte, es significativo que, muy centrado en el tema de TVE, Sauca y Barba, Paco Grande, un periodista de Madrid, identifique como máximo exponente del amarillismo deportivo a Tomás Roncero.

Como dijo Bernardo, "no hase falta desir nada más".

Fútbol sin interrupción.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Para que Javi no se aburra.

Rosell defiende una liga de 16 equipos. A la mayoría de clubes de 1ª división les ha faltado tiempo para expresar su disconformidad con una idea, aún no abiertamente debatida pero largamente insinuada , incluido el Real Madrid, que “está encantado con una Liga de 20”.

Parece relativamente lógico que una gran mayoría prefiera mantener un formato que les garantiza su participación en una liga de mierda en la que, según algunos, ya existen dos “conferencias”: una con dos equipos y otra con 18.
Por coherencia, el inefable Del Nido es el único en alinearse abiertamente con Sandro Rosell, mientras que otros, como Fernando Roig, presidente del Villarreal, prefieren no mojarse demasiado.
Y lo del Real Madrid, pues parece más un off the record ante un pensamiento del eterno rival, expresado  en voz alta en Zürich en el marco de la reunión International Football Arena, que no llega, de momento, ni a rango de propuesta.
Y no se entiende demasiado bien, más allá de querer quedar bien, de momento y ante un debate aún no planteado oficialmente, con la clase media del fútbol español, que el Real Madrid pueda no ver con buenos ojos una progresiva reducción, de 20 a 18 y de 18 a 16, en el número de equipos integrantes de la 1ª División.
Resulta evidente que la Liga es una competición en la que, el enorme potencial de Barça y Madrid, sitúa en una paradójica falta de competitividad a equipos que, temporada tras temporada, prefieren dosificar esfuerzos en sus enfrentamientos contra los opulentos dominadores del cotarro.
Es irrelevante que el entrenador de uno de los dos potentados de la Liga, apoyado por sus palmeros, acuse a los más débiles de regalar sus partidos cuando juegan contra el campeón vigente aunque después vista sus triunfos ante esos mismos rivales como exhibiciones de calidad superlativa.
El hecho es que de los actuales 20 equipos que componen la 1ª división de la Liga española, un mínimo de cuatro no tienen el nivel competitivo necesario.
Por no herir susceptibilidades entre las actuales cenicientas de 1ª, podemos recordar que entidades históricas, como Numancia o Extremadura, merecedoras de todo el respeto y que incluso se permitieron vencer a alguno de los dos monstruos sagrados, no pudieron evitar un paso efímero por 1ª, en el que sin embargo, obligaron a desplazar el circo de la Liga de las Estrellas a terrenos de juego como Los Pajaritos o el Francisco de la Hera.
Es comprensible que todo el mundo quiera enfrentarse, un par de veces por temporada, tanto al Barça como al Madrid. Además, más de uno, y más de dos, de los equipos instalados en la quiebra técnica, sufren cada final de temporada angustiosas situaciones para evitar un descenso que, en la dramática coyuntura actual, podría llegar a suponer su desaparición.
De todos modos, es obvio que la posibilidad de repartir más equitativamente entre menos interesados el pastel de las televisiones, y una reorganización más imaginativa de la 2ª división, dividiéndola por ejemplo, en grupos territoriales que propiciasen un mayor número de enfrentamientos de máxima rivalidad, haría crecer el nivel competitivo y potenciaría el espectáculo.
Todo ello sin hablar de la más que necesaria descompresión de un calendario que, con la exigencia actual, permite que jugadores de 28 o 29 años superen estadísticamente, en número de partidos jugados con sus clubes, a auténticas leyendas del pasado.
Con todo eso, además, evitaríamos que Javier Clemente se aburriese viendo al Barça jugando contra el autobús de algunos correligionarios de 1ª.